viernes, 3 de mayo de 2013

Parir con derechos


En la semana del Parto Respetado, Violeta Vázquez desmenuza y explica en detalle la ley 25.929 que ampara a las mujeres desde el embarazo hasta el posparto.
 Toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto, tiene los siguientes derechos:
a) A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.
b) A ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado, que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales.
c) A ser considerada, en su situación respecto del proceso de nacimiento, como persona sana, de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto.
d) Al parto natural, respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer.
e) A ser informada sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se le haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
f) A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación, salvo consentimiento manifestado por escrito bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
Los primeros puntos rondan sobre un mismo concepto, el derecho a conocer, elegir, y ser respetado. Derechos de todas y todos. Más allá de la actividad jurídica, tenemos que repensar cómo hemos entregado nuestra libertad, nuestra individualidad e incluso nuestra dignidad a cambio de pertenecer. La exclusión y el miedo a la no pertenencia al clan es el que nos aleja de nuestra autenticidad y nuestra individualidad. ¿Cómo puede ser que lleguemos a necesitar leyes para defendernos y para reclamar lo que es obvio simplemente por ser persona? Es posible porque nosotras mismas, las mujeres, nos hemos entregado a cambio del supuesto amor y visto bueno de nuestros parientes, empleadores y comunidades. Entregamos el saber ancestral del útero y la menstruación, entregamos nuestra conexión con la intuición y nuestra confianza en nosotras mismas como madres. Tenemos que esperar resultados de análisis y papeles que nos cuenten qué tenemos y cómo somos por dentro. En otras épocas y culturas, las mujeres podíamos “sentirnos” y adueñarnos de nuestro propio cuerpo. Hace menos de un siglo le entregamos el parto al sistema médico hegemónico y, comprando el discurso de la “seguridad”, nos desconectamos fácilmente de nosotros. Así perdemos responsabilidad y nos convertimos en cuerpos anestesiados, bloqueados, temblorosos y carentes de autoconfianza. Lo que esta ley nos está diciendo es: “recordad que ustedes son dueñas de sus cuerpos, las únicas que realmente pueden saber qué necesitan y, por la tanto, las únicas que pueden elegir qué, cómo y cuándo”. Para elegir, en un parto, debemos ser informadas de cada procedimiento que se irá a hacer con nuestros cuerpos y el de nuestros hijos, justamente para no sentirnos abusadas y desilusionadas de nosotras mismas por abrirnos de piernas sin preguntar nada. El parto no deja de ser un hecho sexual en la vida de la mujer y, sin embargo, no cuidamos nuestra sexualidad cuando nos volvemos madres. Cuando ya nuestras madres y abuelas se desconectaron de sus cuerpos para pertenecer a su grupo, para no sentir el dolor que causa el poder, es muy difícil contar con las rutas y los caminos hacia el interior de una misma. Los profesionales y el saber quedan afuera y yo me transformo en un envase vacío a llenar con decisiones externas. Las parejas que vamos a parir tenemos derecho a elegir qué hacer con nuestros hijos, a asesorarnos, a comprender el fundamento de cada acción, a ser tenidos en cuenta en las decisiones que respectan a nuestra salud. Parece que estamos más entrenados en comprar electrodomésticos y hacer valer nuestra voz en el mundo del consumo, que cuando se trata de nuestra historia personal y está todo regalado al azar.
Tenemos que cambiar nuestra relación con la patología y nuestro concepto de la enfermedad, para comprender lo importante de cuidar nuestra fisiología y dejarnos de asustar y asquear de nosotras mismas. ¿Cómo podemos pretender que respeten nuestros tiempos si nosotras mismas no los conocemos?
g) A estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de parto, parto y postparto.
h) A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.
¿Qué significa para nuestra sociedad actual estar en permanente contacto físico y emocional con nuestro hijo y nuestra pareja? Significa: mujeres desinteresadas por el mundo laboral, empoderadas, enfocadas en las necesidades de sus hijos, mujeres que renuncian a su ego, a su identidad social y a sus roles laborales para entregarse al mundo interno, para aprender a defender sus necesidades más instintivas. Créanme, estar acompañada o no estarlo es la cuestión equis de la vida. Cualquier hecho se supera gracias al sentirnos equipo y al estar sostenidas y amadas en los momentos más críticos. Si en el parto estamos con nosotras mismas y con nuestra pareja, el poder se incrementa... Aprovechemos esta ley y logremos entrar todas acompañadas a los quirófanos y a las salas de parto y hagamos de éstos ambientes cálidos y portadores de sentimientos no estériles.
 i) A ser informada, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.
j) A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados de sí misma y del niño o niña.
k) A ser informada específicamente sobre los efectos adversos del tabaco, el alcohol y las drogas sobre el niño o niña y ella misma.
Artículo 3º.- 
Toda persona recién nacida tiene derecho:
a) A ser tratada en forma respetuosa y digna.
b) A su inequívoca identificación.
c) A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación o docencia, salvo consentimiento, manifestado por escrito de sus representantes legales, bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
d) A la internación conjunta con su madre en sala, y a que la misma sea lo más breve posible, teniendo en consideración su estado de salud y el de aquélla.
e) A que sus padres reciban adecuado asesoramiento e información sobre los cuidados para su crecimiento y desarrollo, así como de su plan de vacunación.

 
Artículo 4º.
El padre y la madre de la persona recién nacida en situación de riesgo tienen los siguientes derechos:
 
a) A recibir información comprensible, suficiente y continuada, en un ambiente adecuado, sobre el proceso o evolución de la salud de su hijo o hija, incluyendo diagnóstico, pronóstico y tratamiento.
b) A tener acceso continuado a su hijo o hija mientras la situación clínica lo permita, así como a participar en su atención y en la toma de decisiones relacionadas con su asistencia.
 A veces podemos defender de nuestra sumisión a nuestros hijos mayores. Reclamar entrar con ellos a quirófanos cuando tienen dos o tres años o internarnos con ellos si sufren alguna patología y no podemos hacer esto con nuestros bebés recién nacidos que están infinitamente más vulnerables. ¿No nos pertenecen nuestros bebés? ¿Por qué sentimos esa falta de apego al principio? ¿Será justamente como les pasa a otros mamíferos, que pasadas las primeras dos horas de vida, si son separados de sus crías luego del nacimiento, no las reconocen como propias? 
Todo es “mío”. Mi casa, mi auto, mi trabajo, mis amigos, mis vacaciones, menos nuestros cuerpos y los cuerpos de nuestros pequeños milagros.
Tenemos derechos pero la lucha más importante no es hacia afuera ni en contra de nadie sino hacia adentro y hacia la honestidad total con una misma.
No es nada fácil hacer valer nuestros derechos, porque las mujeres embarazadas y puérperas no podemos ser guerreras porque, hormonalmente, esa faceta está desactivada. Necesitamos a los hombres de aliadosEsta ley no está reglamentada y es difícil hacerla valer, pero el cambio viene de nosotras. Y tendría que ser un cambio femenino: amoroso, paciente y sostenido. Particularmente no creo en la militancia sino en las transformaciones personales y en la entrega hacia el no juicio. Y eso sólo cambia el mundo.
c) A prestar su consentimiento manifestado por escrito para cuantos exámenes o intervenciones se quiera someter al niño o niña con fines de investigación, bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
d) A que se facilite la lactancia materna de la persona recién nacida siempre que no incida desfavorablemente en su salud.
e) A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados especiales del niño o niña.
Violeta Vazquez

miércoles, 1 de mayo de 2013

Criar en tribu, el retorno a lo natural


El sistema nos ofrece cada vez más opciones que atentan contra el vinculo mamá-bebé, cada vez más artefactos artificiales, más cesáreas programadas, más desapego, más egoísmo ¿Esa es la humanidad que queremos? ¿Cómo podemos pretender un futuro mejor si educamos de esta forma?
Hay otra forma de gestar, de parir, de criar. Es un camino muy arduo, pero los resultados son maravillosos, no solo para nuestro bebé sino para nosotras mismas. Es un proceso de aprendizaje y sanacion tan profundo, las invito a conocerlo…

Criar en tribu, el retorno a lo natural 


En principio, el grupo de crianza es un espacio de información donde entre todas aprendemos mucho de todo. Cuando digo "todo" quiero decir, no solo de crianza, sino de la historia misma de la humanidad desde las culturas más primitivas que van de la mano con la armonía natural de la vida. Aprendemos de los vínculos humanos, de alimentación, de salud, del antes el después y el durante, de la vida en si. Es un espacio donde desmitificamos, donde el cuestionamiento es bienvenido, un espacio donde desandamos camino y descubrimos los otros que nadie nos contó y así creamos los propios y podemos compartirlos en grupo. Así nos enriquecemos enormemente con la experiencia de los otros y aprendemos mutuamente profundizando sobre uno mismo y su propia historia para poder sanar nuestros antepasados y nuestra descendencia, ese tesoro sagrado que nos llevo hasta este lugar. En el grupo, tarde o temprano, nos sacamos las mascaras, nos despojamos de todo, nos exponemos íntegramente, los síntomas tomar forma, gritan cosas desde adentro…sobre todo porque es nuestro hijo quien habla y somos muchas las que escuchamos, es imposible no hacerse cargo y es uno de los objetivos supongo, el tomar responsabilidad: eso es la libertad real.
En el grupo compartimos quienes somos y lo que nos pasa, desde una profundidad y una empatia que difícilmente se de en otros ámbitos o con otras personas. Es como una gran terapia grupal donde los temas se van hilando y todo empieza a salir a la luz de lugares muy oscuros que antes no habíamos conocido. El cielo y el infierno se hacen presentes más allá de nuestro permiso, hay días más livianos que otros, como todo. El puerperio es un mar revuelto, la marea sube y baja continuamente y los sedimentos que arrastra desde el fondo son visibles para el ojo entrenado y el corazón abierto. Sabemos que a pesar de las diferencias personales, todas estamos atravesando por procesos similares, embarazadas y redondas, ansiosas, miedosas, puérperas, locas, brujas, lobas, madres desesperadas en medio del caos que el primer hijo trae, madres enamoradas de sus cachorros, llenas de dudas, de leche, de amor, de cuestionamientos. Compartimos horas de catarsis, de soltar bien desde adentro, de confesar, de recordar, de dejar caer las lágrimas y soltar las carcajadas, de amamantar y amar, de aplaudir el desastre, putear si hace falta, todo vale cuando una se muestra tal cual es. No hay límites, no hay nadie que señale o juzgue, hay contención, apoyo, compañía y esa increíble sensación de saber que no somos las únicas, que algo nos iguala como hembras humanas. Y así sangramos con cada relato desgarrador, con cada inne-cesaria, con cada síntoma que habla de tantas cosas, con cada historia fuerte que resuena en la propia. Nos abrazamos, nos apoyamos, arrullamos a nuestras crías en circulo, lloramos, festejamos cada logro del bebé y de la mamá, somos testigos del desarrollo de cada niño y de cada madre porque para nosotras también es un “volver a nacer” nos hemos parido como madres y entre todas vamos gateando, aprendiendo a caminar y transformando por completo nuestro universo, nos tomamos esos permisos porque los merecemos y los disfrutamos. La maternidad te atraviesa, dice siempre Ana, desde un lugar donde nunca nada ni nadie lo hizo antes y es para toda la vida.La teta es solo la punta del iceberg, decía Lisette. Yo llegue acá por la teta y no entiendo que paso, decía entre risas y lagrimas Barbara mientras acunaba a Paloma. Algunas llegan por algo puntual o que parece superficial y se quedan porque el grupo tiene ese poder de empezar a remover las fichas, a reacomodar los roles, a reordenar desde lo interno para poder acomodarnos un poco en todo este mundo tan nuevo y ajeno por momentos, que es ser mamá. En los grupos se genera una energía donde hasta el silencio habla, circula algo del orden de lo primario y lo divino que me cuesta poner en palabras, se habilitan planos y estados de conciencia que tal vez de otra forma no podríamos conocer. Nos adentramos en ellos porque son una invitación a la reflexión constante, ya sea propia o grupal, sobre diferentes puntos y temáticas. Claro, hay que tener voluntad y ganas de enfrentarse a tales sombras, de enfrentar además a un sistema y elegir lo diferente, lo poco convencional, coraje para ser la minoría y aprender a sortear obstáculos, criticas y sobre todo soltar el miedo, superarlo y entender que es solo un arma de sumisión del capitalismo para atraparnos en sus redes. Las madres entre si nos damos animo y herramientas para aprender a tomar las riendas de las situaciones, empoderandonos para tomar confianza sobre nosotras mismas, aprendiendo a reconectarnos con la naturaleza que siempre es sabia y no tranza con el sistema, jamás.
Nosotras somos partes de la naturaleza, reconectar con el instinto es fundamental; luchar contra el sistema tiene sus frutos y tarde o temprano, una lo termina naturalizando y negocia hasta donde puede; hay que ser realistas también.
Las estaciones también nos conectan, cada una su encanto, sus climas y cuando logramos sintonizar con ellas, descubrimos que no somos tan diferentes a los árboles, por ejemplo, nosotras también tenemos sabia y en invierno somos más instrospectivas. El grupo deja entrever estas cosas, los ciclos femeninos y su relación con la naturaleza, la fertilidad, la luna y cosas mágicas que a mi me resultan alucinantes y ademas, muy útiles para entender-me más. En general cuando la luna cae comienza el coro de llantos, de cólicos, de berrinches: es “la hora de las brujas”. En verano nos ilumina un sol fantástico hasta el final y en invierno el hogar a leña nos abriga hasta el Alma, el fuego nos convoca como nos ha sido siempre en todas las épocas. Simbólicamente, a ese mismo fuego ilumina nuestras sombras, las lobas aullamos en torno a el por el dolor ancestral que aun no sano. Mujeres danzantes alrededor del fuego con sus niños a cuestas, con sus pechos desnudos, con un mar convulsionado que fluye sin cesar, por dentro, por fuera, por todas partes como un hilo invisible que nos unifica.
Nadie llega al grupo de casualidad, siempre vamos uniendo cabos, desatando nudos y ovillos y comprendiendo que todo pasa por algo, que somos espejos, que hay otra historia similar o que hay desde la propia algo que aportarle a la que llega.
Y así van llegando nuevas mamas con nuevos cachorritos, otras se van y estamos las de siempre, las que ya nos conocemos desde el principio. Cada vez es un grupo más grande y más solidó. Una unión fraternal nos entreteje. Los bebes se transforman en niños y los que llegaron casi recién nacidos, ahora caminan, hablan, se disputan las mediaslunas y hasta toman mate…eso es la vida, un ciclo perfecto que evoluciona en armonía, pese a que a veces veamos lo contrario. Somos muchas las que elegimos criar con conciencia, con apego, de forma natural, criar con respeto y libertad en todas sus formas. Somos muchas las que nos informamos para poder luego elegir y educar seres humanos que reciban desde su primer minuto de vida AMOR, desde el despojo del ego y la entrega absoluta en todas sus formas. Amor en estado puro, lejos de la tecnología, de la medicalizacion del parto y la crianza, lejos de todo eso que atente contra el vinculo primario, contra esa díada sagrada que conformamos mamá-bebé; tan maltratada por la sociedad, tan desvalorada muchas veces por el discurso machista, por el medico y capitalista, también. En el grupo sabemos que no estamos solas, que somos muchas durante años las que elegimos otro camino, porque sabemos que es posible y porque somos testigos presenciales de sus frutos. 
Ahora imagino la casa de noche, como un espacio sagrado, donde todo confluye. El eco del llanto de los bebes y las canciones de las mamas forman una melodía encantada que fluye como la leche, como la vida, por cada rincón de la casa. Todo huele a maternidad allí, no es un olor cualquiera, solo las hembras logramos olfatearlo con tanta precisión. En el piso han quedado desparramados los juguetes junto a nuestras sombras, a nuestras lagrimas, nuestros despojos y retazos...junto a todo eso que dejamos atrás para renacer, una y otra vez, tantas veces como sea necesario para purificar.
Mientras me alejo por la ventana, se oyen llantos de bebes, carcajadas de niños, risas adultas y risas de nuestras propias niñas interiores que se cuelan por ahí.
Todo se mezcla en un ciclo sin fin, yo puedo escucharlo.
Nos celebro como tribu, hemos logrado lo imposible!
Hasta mañana.
Nadia
Abril 2013 
Foto: Abril 2013 - faltan mamas, fue sobre el final del grupo. 

lunes, 29 de abril de 2013

guerreras del AMOR

Admirable, increíble, maravilloso.

Solo una mujer es capaz de entregarse así a la vida
de abrirse en cuerpo y alma, despojándose del ego, del miedo, de todo lo que existe
dando todo, hasta su propia vida,
por la vida que gesto

DAR A LUZ

nada más claro.


sábado, 27 de abril de 2013

Paradojas de la vida moderna

Lamentablemente esto pasa continuamente en nuestra sociedad. 
Es para un análisis profundo y serio al respecto. 
Lo digo como ciudadana, como mujer y como madre, ya que desde que mi hijo nació ando "con las tetas al aire" para alimentarlo o brindarle seguridad, mimo y lo que más busca el bebé en la teta: MAMÁ.

No señor, no es capricho, ni vicio, no me tomo el tiempo (ni siquiera tiene reloj), no es un manipulador, no es que no sepa poner limites en el colectivo o en la vía publica, es un cachorro humano.
¿Usted fue al campo, observo lactar a los terneros, a las ovejas, a los caballos?
¿Tiene perras o gatas que hayan tenido cría?

Observe, reflexione y evolucione



miércoles, 24 de abril de 2013

16 meses de AMOR



Mi luz, mi motor cotidiano, mi fuerza, el mejor regalo que la vida me obsequio.
Nunca imagine que se podía amar tanto a alguien. 
Es increíble que un ser tan pequeño sea lo más inmenso que he conocido ¡Yo que creía saber todo! y vos viniste a revolucionarme la vida y hacerme - ver - como nunca nadie lo hizo. 

¡Te Amo Hijito!
celebro tus 16 meses de descubrimiento, aprendizaje, amor, curiosidad, logros, desafíos, amor, dulzura, sabiduría

Gracias por la compañía, por cuidarme, por enseñarme tanto de mi misma y del mundo
...por haberme cambiado la vida

Mamá 


sábado, 13 de abril de 2013

Alimentación con formula (leche de vaca) vs. Amamantamiento


El agotamiento de las madres


Por que estuve en ese lugar de extremo agotamiento físico y mental, de pasar por pozos depresivos muy oscuros que parecían eternos y porque toque fondo más de una vez,  llegando a extremos y limites que jamas hubiera imaginado. Por eso comparto este articulo que me pareció real y sincero porque la maternidad también es esto (mas aun para quienes elegimos criar con apego) y me parece fundamental leer también sobre este polo y no "comprar" siempre la foto del bebé sonriendo y la vida color de rosa, porque convertirse en madre es mucho más revolucionario y fuerte que solamente eso.
Hay formas de buscar ayuda, en el entorno cercano, en los amigos, en los grupos de crianza, en una terapeuta que sepa acompañar el proceso, en otras mamàs...es fundamental estar acompañadas para poder sentirnos sostenidas ante tanta demanda que a veces parece enloquecernos! 


A continuación, queremos compartir un capítulo del libro de Isabelle Filliozat “LOS PADRES PERFECTOS NO EXISTEN”, porque a veces resulta muy útil poner nombre a lo que sentimos y desde ahí, centrar nuestra atención en las necesidades de la madre para que ésta pueda ser útil a sus hijos, y no se limite a servirles. Esperamos que disfrutéis de la lectura, no os dejará indiferentes, os lo aseguramos.

EL AGOTAMIENTO MATERNO
Tres asientos delante de mí, en el tren de alta velocidad, viaja una mamá acompañada de sus dos hijos que cada vez se va poniendo más nerviosa. De repente, levanta el tono de voz y dice en tono amenazador:
—¡Vas a cobrar!
Los demás pasajeros se miran, molestos… Nadie interviene. Ignoro lo que estarán haciendo los niños, pero el nerviosismo de a madre sube un grado:
—¡Ya lo verás, vas a cobrar! ¡Te lo has ganado!
Decido abandonar mi lectura, y me acerco al trío:
—Se la ve nerviosa… ¿Necesita ayuda?
—No, gracias.
—Si…
Insisto con delicadeza.
—Sí, gracias, estoy agotada.
Me instalé a su lado para jugar un poco con los niños. Mi mera presencia ya los había calmado. La intervención de un tercero siempre suaviza las cosas, a condición, por supuesto, de que no se dedique a echar más leña al fuego…
Cuando estamos agotados, no podemos pensar en todo. A duras penas conseguimos atender lo más urgente. Aquella madre había conseguido colocar a sus hijos y el equipaje en el tren, había pensado en proveerse de comida y bebida, pero había olvidado coger algo para que se distrajeran. Estaba extenuada y no contaba con los recursos necesarios para distraerlos.
Violaine Guéritault* dice: «Estaba llenando la lavadora mientras oía el ruido de fondo que armaban mis dos hijos al pelearse por enésima vez durante la mañana. De repente, se oyó un tremendo golpe seguido por los aullidos de mi hija. Y me quedé quieta, inmóvil, creo que pensé en algo así como “del suelo no pasa”, o “si grita, es porque aún está viva”. Entonces acaba de llenar la lavadora como una autómata. No sentía nada. Había dejado de pensar como una madre».
Era el detonante. Violaine Guéritault estaba preparando su doctorado sobre elburn-out profesional (*L’épuissement maternel et comnient le surrnonter, Violaine Guéritault, Odile J cob, 2004. Un libro de lectura imprescindible). Inmediatamente relacionó lo que acababa de vivir con su trabajo. En su oficio de madre, estaba atravesando por una fase de burn-out. ¡El agotamiento profesional no es exclusivo del mundo de la empresa, sino que también está presente en el hogar!
Los padres recién estrenados están expuestos a padecerlo. Todas las madres, hasta las que se muestran más serenas, tienen
una vida cotidiana muy estresante. Una multiplicación de tareas repetitivas, poco o nulo reconocimiento respecto a su labor, horarios demenciales, un montón de situaciones que escapan de su control, imposibilidad de concentrarse en una tarea sin verse interrumpida al menos diez veces… ¡Las 24 horas del día y 365 día al año sin fecha de caducidad…! ¡Porque es imposible dimitir del oficio de madre!
Así pues, si los bebés son tan maravillosos… ¿por qué las madres se agotan tanto? ¿No será que la causa de su agotamiento resida, precisamente, en que no pueden quejarse de «lo maravillosa» que es su situación?
Violaine Guéritault establece la lista de los agentes estresantes en la vida de la madre:
• El trabajo materno implica volver a hacer mil veces las mismas tareas. Tiene que lavar y limpiar. Todo vuelve a estar sucio algunos minutos más tarde, privando a la mujer de ese sentimiento de tarea hecha que da sentido y energía al trabajo.
• Una madre vive numerosas situaciones sobre las que no tiene ningún control. Le gustaría ser capaz de proteger a su hijo de todo, pero a menudo se ve impotente. Y no sólo estamos hablando de accidentes o de percances que requieren hospitalización, sino también, en la vida cotidiana, de los cólicos del lactante, de los dolores de la dentición o de las picaduras de avispa…
• Si hay algo que caracterice a los niños pequeños ese algo es la imprevisibilidad. Por mucho que la madre se planifique el día, lo más seguro es que sus previsiones acaben patas arriba. Justo en el momento en que sale para encontrarse con una amiga, cuando va a colocar al bebé en el cochecito, se da cuenta de que tiene que cambiarle los pañales… Aunque usted sea muy organizada, su pequeño acabará desestabilizándole el horario. No es nada raro que, al llegar la noche, algunas madres, sintiéndose abatidas, lleguen a pensar eso de «no he hecho nada en todo el día».
• Todo trabajo merece recompensa… No obstante, parecería que eso no se aplica al trabajo de madre. Se la idealiza y honra como es debido el Día de la Madre, pero en su vida diaria recibe muy poco reconocimiento por parte de los demás; para la gente, no hace más que cumplir con su deber.
• A todo ello hay que añadir que una madre no tiene derecho a cometer errores. Ella misma se pone el listón muy alto, y se desespera al comprobar la diferencia existente entre el modelo de lo que querría ser y lo que vive cada día.
¿Quién se encarga de apoyar a las madres? En el plano psicológico, la mayoría de las veces están solas frente al niño. En ocasiones, pueden acudir a alguna institución de las que se dedican a acoger a las madres y a los bebés durante unas horas, pero por lo general cuentan con pocos lugares preparados para escucharlas. La inmensa mayoría de la gente prefiere creer que, para sentirse felices y colmadas, les basta con estar junto a sus adorados y encantadores hijos. No quieren oír que a veces les entran ganas de estrangularlos. ¿Y qué pasa con el marido?, pues que, cuando éste vuelve del trabajo, o bien ella no se atreve a pedirle nada por temor a que vuelva a salir pitando, o bien descarga sobre él tal avalancha de quejas, que el pobre hombre no sabe qué hacer con ellas. También puede suceder que su marido le conteste que ella no tiene que volver a trabajar, o que Martine —o lo que es peor, su madre, es decir, su suegra—, sabe arreglárselas bien… En resumen, no se puede decir que la apoye demasiado.
En general, la mujer que se queda en casa se encarga de todos los quehaceres domésticos. En vez de intentar ayudarla para que no se canse en exceso, algunas veces el marido hasta espera que también se ocupe de él. «¿Una asistenta? ¡Ni pensarlo!», se dicen más o menos conscientemente las mujeres. «Si mi madre podía con todo, ¿por qué yo no?» Además, muchos maridos no ven la necesidad de ese gasto «ya que no tienes otra cosas que hacer durante todo el santo día».
Reconozcámoslo, es indudable que cuando el reparto de las
tareas del hogar no está equilibrado, el amor que la madre siente por su hijo puede salir perjudicado.
¿Les parezco trivial? ¿Opinan que exagero? ¿O acaso son de
los que creen que el amor de una madre no puede depender de la vajilla o del aspirador? ¡Pues yo afirmo que sí!
Demasiada ropa que lavar, demasiados suelos que fregar, demasiados platos que cocinar y lavar… Todo ello puede llegar a alterar la capacidad de amar de una madre.
De hecho, no es tanto la tarea en sí misma la que obstaculiza el amor como el sentimiento de injusticia. Una injusticia que rara vez se ve reconocida como tal. Una injusticia que se halla resumida en esta constatación cotidiana: cuando él le cambia el pañal al bebé, lo encontramos maravilloso, pero cuando lo hace ella, nadie la admira. Es lo «normal». Un hombre, que ejercía de padre de familia, un día me dijo: «Día tras día me doy cuenta de lo injustas que son las cosas para mi mujer. Si yo hago cien, me felicitan y me adulan, pero si ella hace mil, nadie lo ve». Este padre mostraba un grado de concienciación bastante excepcional tanto entre los hombres como entre las mujeres. Y hasta cuando dicha concienciación existe, lo normal es que la injusticia no desaparezca porque está grabada en lo más profundo de la sociedad. Con todo, también hay otros maridos menos sensibles que no consiguen ver el problema, y que hasta pueden llegar a desvalorizar, humillar y culpabilizar a sus mujeres cuando se quejan o no logran alcanzar sus objetivos.
En el hogar, muchas veces la mujer se ve obligada a reprimir la ira: la relacionada con la frustración, con la injusticia, y a veces que le provoca la herida que le inflinge un marido inconsciente cuando no poco delicado.
Las mujeres que viven solas tienen tantas dificultades como demás. El rencor que se mantiene en secreto es lo que impide que florezca el amor, y no la falta de un hombre.
La sociedad espera que las mujeres sepan ejercer bien su papel, como si fuera algo innato. Tienen fama de ser buenas profesionales, mientras que algunos hombres no pasan de ser considerados meros aficionados. Pero la realidad es que no saben mas que los hombres. Bien es verdad que las mujeres secretan las hormonas del afecto y que llevan el biberón integrado en su cuerpo, pero en sus genes no hay nada inscrito acerca de cuál es la mejor marca de pañales, de las vacunas o de las relaciones con los profesores. Por no hablar de que tienen que ir adaptándose continuamente. Con los hijos nunca puede darse nada por ganado: los niños crecen y cambian. Y no hay dos hijos iguales.
Al cabo de un cierto tiempo, la madre no puede más. Violaine Guéritault* describe muy bien la primera fase del burn-out: el depósito de energía se vacía. La madre padece agotamiento emocional y físico provocado por la necesidad de ir adaptándose permanentemente.
Si la madre no encuentra ayuda ni apoyo, si no puede liberar su sobrecarga de estrés, corre el peligro de llegar con bastante rapidez al segundo estadio: el de la despersonalización y el distanciamiento.
¡Ella sabe que tiene que seguir funcionando pero no sabe cómo! Su única salida consiste en separarse inconsciente y emocionalmente de la fuente del estrés, con el fin de minimizar las fugas de energía y de continuar realizando, como un autómata, las tareas de las que no se puede librar. La madre agotada se ocupa de su hijo, pero sin afecto. Lo hace, y punto. Todas nosotras hemos pasado por esos momentos de completo agotamiento. Hacemos lo que toca que hacer: preparar la comida, vaciar la bañera, quitar la mesa y acostar a los niños, pero todo de un modo automático
Cuando el agotamiento nos invade, ese modo automático se vuelve permanente. La madre se aleja cada vez más de sus hijos. Ya no está afectivamente a su lado. Cuando una madre se siente sola cae en la depresión. Es cada vez menos eficaz, todo le pide un esfuerzo inmenso y pone en duda sus capacidades. Ciertas tareas que antes llevaba a cabo, como telefonear o rellenar formularios, le parecen algo irrealizable. Poco a poco, se va deslizando hacia la tercera y última fase del burn-out. Gritos, golpes, castigos…, la madre hace todo aquello que nunca hubiera querido hacer a sus hijos, con el resultado de que, evidentemente, las cosas empeoran; es un círculo vicioso. La clase de madre que ve en sí misma, es decir, aquella en la que cree haberse convertido, está tan lejos de la madre con la que soñaba llegar a ser, que hasta puede llegar a preferir borrar de un plumazo todos sus proyectos. Después de haber perdido la motivación y con la autoestima por los suelos, reniega de todo lo que ha hecho, de todos sus logros, pasados, presentes y futuros.
Y aunque no todas las madres caigan en la depresión, una inmensa mayoría —por no decir todas— pasan por una fase fugaz, recurrente o prolongada de agotamiento.
El burn-out no aparece porque la mujer sea un ser más o menos frágil. Ni tampoco por el hecho de que el pasado de una mujer haya sido más doloroso que el de otra, sino que es el resultado de la interacción con su entorno. De nada sirve darle medicamentos, ya que no es a ella a la que hay que atender, sino a su entorno, que tiene que sufrir una remodelación. Asimismo, no es una patología exclusiva de las mujeres. Una pediatra suiza ha demostrado que a los padres les pasan exactamente las mismas cosas cuando son los que se quedan en el hogar para ocuparse de sus bebés.
En estas condiciones tan difíciles, es fácil comprender que a veces el vaso esté lleno y que los hijos hagan que rebose. Una madre agotada, invadida por elburn-out, se desvincula de su hijo. Cada vez consigue dominarse menos. Se ve a sí misma como si fuera una prisionera y se siente explotada por su hijo. Puede rebelarse contra las exigencias de este último, viéndolo como un tirano y llegando a odiarle por ello… Y a veces ese odio puede llegar a ser tan intenso que puede llegar a borrar sus sentimientos maternales. «Me absorbe por completo —decía Camille—. No lo aguanto más. Es terrible decirlo, pero no siento nada por mi hijo. A veces me ocupo de él como si fuera un autómata, pero enseguida consigue sacarme de mis casillas. Si no hace inmediatamente lo que le pido, me vuelvo loca.»
¿Acaso Camille es una mala madre? «No es maternal», opina su suegra. Siguiendo mis consejos, Camille volvió a trabajar y poco a poco fue volviendo a querer a su hijo. Ahora le encanta jugar con él. ¡Sencillamente lo que pasaba es que se hallaba en una fase extrema de burn-out!
Emociones reprimidas, autodesvalorización, alejamiento emocional, distancia afectiva, impotencia, frustración… ¡El cóctel es explosivo! Cuando una madre «se rompe» y maltrata a su hijo, toda la sociedad tiene que asumir la responsabilidad de ello, y no ella sola.

Información extraída de: