jueves, 9 de mayo de 2013

Volver a la infancia a partir de la maternidad...



“La maternidad es un viaje a nuestra infancia, y más atrás aún, a nuestra naturaleza de mujer, al instinto dormido y casi olvidado. Perdido. Un recorrido por los bordes de nuestro cuerpo, nuestros agujeros, y nuestras entrañas. Un retorno a olores ya conocidos. A sentidos anestesiados. Un maravilloso viaje a nuestro interior que sabemos el día que lo emprendemos por primera vez, pero que intuimos sabiamente que no termina nunca...” 


martes, 7 de mayo de 2013

de este lado del mundo


Doña Carmen toma a la recién nacida, le da vuelta y con un

movimiento rápido corta el cordón y lo anuda. Xintal cierra 

los ojos. Para ella ése es uno de los momentos más 

dramáticos de la existencia; es el instante preciso en que 

empieza la soledad jamas redimida del ser humano. 



Del libro "Sofía de los presagios" de Gioconda Belli

viernes, 3 de mayo de 2013

Leche materna a la carta


Extracto del libro de Carlos Gonzalez "Mi hijo no me come"
EXCELENTE, lo recomiendo :)

¿Por qué no maman según un horario regular?
El horario de las mamadas es un mito. Hubo un tiempo en que se creyó
que los bebés tenían que mamar cada tres horas, o cada cuatro horas (¡y
diez minutos de cada lado, para mayor escarnio!). ¿Se ha preguntado
alguna vez por qué diez minu tos, y no nueve u once? Evidentemente,
son números redon dos. ¿Cómo han llegado algunos a creer que un
«número redondo» era un «número exacto»?
Por supuesto, los adultos jamás comemos «diez minutos de cada plato
cada cuatro horas». ¿Cuánto tardamos en comer un plato? ¡Pues
depende de lo rápido que comamos, vaya cosa! A los niños les pasa
igual: si maman rápido tardan menos de diez minutos, y si maman
despacio tardan más.11
Si comemos a horas fijas es sólo porque nuestras obligaciones laborales
nos lo exigen. Normalmente, en los días festivos nos saltamos
totalmente el horario habitual, sin que nuestra salud se resienta en lo
más mínimo. Sin embargo, todavía hay gente que cree que los bebés se
han de acostumbrar a un horario, con vagas referencias a la disciplina o
la digestión.
La comida de los adultos puede esperar. Nuestro metabolismo nos lo
permite, y la comida será la misma a una hora que a otra. Pero su hijo
no puede esperar. Su sensación de hambre es imperiosa, y la comida
cambia si se retrasa. Porque la leche materna no es un alimento muerto,
sino un tejido vivo, en constante evolución. La cantidad de grasa en la
leche aumenta mucho a lo largo de la mamada: la leche que sale al
principio tiene poca grasa, y la que sale al final tiene hasta cinco veces
más.
La cantidad media de grasa en la leche en una determinada mamada
depende de cuatro factores: disminuye con el tiempo transcurrido desde
la mamada anterior (cuanto más tiempo, menos grasa) y aumenta con la
concentración de grasa al final de la mamada anterior, el volumen
ingerido en la mamada anterior y el volumen ingerido en la mamada
actual (la lectora curiosa puede consultar la excelente revisión de Woolridge
sobre la fisiología de la lactancia).12 El niño que toma dos pechos
raramente se acaba el segundo, así que podríamos decir, simplificando
mucho, que toma dos tercios de leche aguada, y un tercio de leche
concentrada. En cambio, el que toma un solo pecho toma mitad de
aguada y mitad de concentrada. Si toma leche con menos grasas (y, por
tanto, con menos calorías), su hijo puede aceptar un volumen mayor, y
por tanto tomar más proteínas... De modo que el bebé que toma 50 ml
de cada pecho no está tomando lo mismo que el que toma 100 ml de un
solo pecho; y la dieta del que toma 80 ml cada dos horas y del que
mama 160 ml cada cuatro horas son totalmente distintas.
El control de la composición de la leche es todavía objeto de
investigación, y lo que desconocemos es, probablemente, mucho más
que lo que ya sabemos. Por ejemplo, se ha observado que un pecho
suele producir leche con más proteínas que el otro. Tal vez sea pura
casualidad... o tal vez su hijo pueda elegir, mamando más de un pecho
o del otro, una comida con más o menos proteínas.
¿Creía que su hijo comía siempre lo mismo? ¿Pensaba que sería aburrido
pasar meses tomando sólo leche? Pues ya ve que con la leche materna
no es así. Su hijo tiene a su disposición una amplia carta donde elegir,
desde sopas ligeras hasta cremosos postres. Como no puede hablar (ni
el pecho podría entenderlo, por otra parte), encarga su menú dando
instrucciones al pecho mediante tres claves:
1. La cantidad de leche que toma en cada mamada (es decir, mamando
más o menos tiempo con mayor o menor intensidad).
2. El tiempo entre una mamada y otra.
3. El tomar de un solo pecho o de los dos.
Lo que su hijo hace en el pecho es auténtica ingeniería, para obtener
cada día exactamente lo que necesita. El control de su hijo sobre su
dieta es total y perfecto cuando puede variar a volun tad las tres claves.
En eso consiste la lactancia a demanda: que el bebé decida cuándo ha
de mamar, durante cuánto tiempo y si ha de tomar un pecho o los dos.
Cuando se les impide controlar uno de los mecanismos, la mayoría de
los bebés consiguen una dieta adecuada maniobran do hábilmente con
los otros dos. Así, en un experimento, 13 a unos bebés les dieron siempre
un solo pecho en cada toma durante una semana, y los dos pechos en
cada toma en otra semana (el orden de las semanas era al azar). En
teoría, los bebés hubieran ingerido muchísima más grasa a lo largo del
día al tomar un solo pecho que al tomar dos. Sin embargo, los bebés
modificaron espontáneamente la frecuencia y duración de las mamadas
y consiguieron tomar cantidades similares de grasa (pero volúmenes
distintos de leche).
Pero el bebé que no puede modificar ni la frecuencia ni la duración de
las tomas, ni decidir si toma un pecho o los dos, está perdido: ya no
tomará la leche que necesita, sino la que por casualidad «le toque». Si
su dieta se aparta mucho de sus necesidades, el bebé tendrá problemas:
su peso no será adecuado, o pasará el día hambriento y lloroso. Por eso
la lactancia con horario raramente funciona, y el resultado es tanto más
catastrófico cuanto más estricto se pretende imponer el horario. El bebé
necesita mamar de forma irregular, porque sólo así puede ingerir una
dieta equilibrada.
Desde el primer día, aunque aparentemente esté tomando sólo leche, su
hijo ha estado eligiendo su dieta entre un amplio abanico de
posibilidades, y ha elegido siempre con acierto, tanto en cantidad como
en calidad.

La química del amor maternal



Un niño nace diseñado para enamorar a su madre por una cuestión de supervivencia. Llega al mundo indefenso y durante un tiempo dependerá de quien asuma la función de alimentarle, consolarle, estimularle… Suele ser la madre quien se encarga de esos cuidados durante el aterrizaje del niño en la vida. Ella no puede dejar de mirarlo, de pensar en él, de querer cuidarlo. Cuando el bebé empieza a sonreír, se activan en el cerebro de la madre regiones relacionadas con la recompensa. Así que ella se engancha a las sonrisas y las monerías de su retoño. Gracias a los avances neurocientíficos se empieza a saber mejor cómo influye el amor de madre en el cerebro del niño.
  
Ese vínculo entre una madre y su bebé es un complejo entramado de factores hormonales, neuronales, psicológicos y sociales. Muchas investigaciones avalan que el amor maternal no sólo es fundamental para un buen desarrollo cerebral del niño, sino que también es una excelente inversión para la salud mental del futuro adulto.
 
“Al nacer sólo tenemos desarrollado el 25% del tamaño del cerebro”, señala Adolfo Gómez Papí, neonatólogo del hospital Joan XXIII de Tarragona y profesor de la Universitat Rovira i Virgili. “El 75% restante –continúa– se desarrolla durante los dos o tres primeros años de vida. Aunque luego el cerebro puede cambiar, las estructuras básicas están formadas a los tres años. Y cómo se vayan desarrollando dependerá mucho del tipo de alimentación y de la relación que el hijo establezca con su madre”.
 
También influyen los genes y que, poco a poco, el niño se abrirá a otras figuras importantes para su evolución, como su padre. Pero, al principio, casi todo el horizonte del niño será el amor de su mamá –o de su cuidador principal, en el caso de que sea el padre, por ejemplo–. Como explica Enrique García Bernardo, psiquiatra del hospital Gregorio Marañón de Madrid, “el bebé recibe importante información emocional de su madre; ella le habla, lo acaricia, le canta, lo acuna, le sonríe…”. Empatiza con él, ríe con él, sufre con él. Lo ama. Y ese amor de madre va tejiendo el vínculo entre ellos, desarrollando el cerebro del niño, programando las conexiones entre las neuronas.
 
Un intercambio afectivo entre el hemisferio derecho de la madre y el de su hijo, como ha escrito en un artículo Allan Schore, profesor del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de California-Los Ángeles (Estados Unidos) y uno de los principales investigadores del vínculo entre madre e hijo. Porque, como apunta Gómez Papí, “en el niño predomina sobre todo el hemisferio derecho, que tiene que ver con las emociones”. Así que entre madre e hijo se da una intensa comunicación emocional. El idioma del bebé son sus llantos cuando tiene hambre o sueño, sus sonrisas, sus balbuceos… Y, el de ella, los besos y las palabras de amor que le dedica, los abrazos que lo consuelan, el alimento que le da, estar cerca de él… Un diálogo muy especial, cuyo código a veces parecen conocer únicamente la madre y el niño, y que moldea el cerebro del pequeño.
 
El recién nacido tiene unos 100.000 millones de neuronas. Y en los primeros años de vida se van a formar billones de conexiones entre ellas. Más o menos al final del primer año, señala Gómez Papí, se produce una poda neuronal. Ya hay billones de conexiones y, como el cerebro quiere economizar recursos, “poda las conexiones menos empleadas; si el apego con la madre ha sido seguro, se habrán formado muchas conexiones que tienen que ver con la seguridad, y esas conexiones se mantendrán”.
 
El cerebro se habrá preparado para vivir en un entorno seguro, así que el niño empezará a percibir la vida como un lugar seguro: me consuelan cuando estoy mal, quizás no tengo que temer al mundo. Una buena forma de encarar su futuro. “Tendrá más ganas de explorar. Los niños que no han tenido un buen vínculo son más inhibidos”, explica Ibone Olza, psiquiatra infantil del hospital Puerta de Hierro de Majadahonda (Madrid) y profesora de la Universidad Autónoma de Madrid. “Una de las funciones más importantes de la madre –afirma– es regular las emociones de su pequeño. Es básico que le dé el consuelo que necesita. No es tan importante que acierte siempre si el niño tiene hambre o sueño cuando llora. Lo importante es que responda a su llamada para que este tenga más ratos de bienestar y menos de malestar”. Así, el niño siente que la persona más importante para él está disponible cuando la necesita. Y empieza a gatear por la vida con confianza.
 
Una buena base para la salud mental del futuro adulto. Como comenta García Bernardo, “una adecuada relación con la madre en los primeros años es un factor que ayuda mucho a la salud mental del adulto, aunque no lo es todo, porque la vida es muy larga”. Visto desde el lado amargo, numerosos estudios señalan que los niños que han vivido un apego inseguro porque han sufrido negligencias o abusos por parte de sus cuidadores principales tienen mayor riesgo de sufrir depresión, ansiedad o trastornos de personalidad durante su adultez. Y ¿cuántos niños viven un apego seguro? Según algunas investigaciones, aproximadamente el 75% establece un apego seguro, un vínculo cercano afectivamente y estable, con sus madres. “Las madres ejercen de madres desde hace ya años, y, en general, lo hacen bien”, recuerda García Bernardo. Unos primeros años de vida complicados no tienen por qué ser una condena de por vida. “El niño puede encontrar más adelante otras figuras de referencia. Y el cerebro es plástico, puede adaptarse. Se ve en los niños adoptados”, añade Adolfo Gómez Papí.
 
Algunas investigaciones sobre los cuidados maternos se centran en cómo afectan las primeras experiencias en la forma de afrontar el estrés a lo largo de la vida. Michael Meaney, profesor de Psiquiatría en la Universidad McGill, en Montreal (Canadá), es uno de los principales investigadores en este campo. En uno de sus experimentos participaron un grupo de personas de entre 18 y 30 años que dieron una puntuación elevada en un cuestionario sobre los cuidados maternos recibidos y un grupo de personas que dieron una puntuación baja. Les pidió que realizaran una tarea aritmética mental delante de una pantalla que les informaba sobre los errores que cometían y el tiempo que tardaban en resolver los problemas. Una inyección de estrés para ver cómo respondían. Y las personas que habían tenido buenos cuidados maternos segregaban menos cortisol, la principal hormona que se activa en el estrés.
 
“Cuanto menos cortisol se segrega, menos reactividad al estrés”, señala Roser Nadal, profesora del Instituto de Neurociencias de la Universitat Autònoma de Barcelona. Es decir, se afrontan con mayor tranquilidad los retos de la vida. Y la relación entre cuidados maternos y estrés en el futuro adulto se ha comprobado una y otra vez al estudiar los estilos de crianza de las ratas, que tienen un sistema nervioso parecido en algunos aspectos al de los humanos. Hay ratas que ejercen de madres con más entrega que otras. “Depende de si les dan a sus crías las suficientes caricias y lametones que estas necesitan y de cómo las amamanten. Algunas arquean su cuerpo para proteger bajo él a sus crías mientras maman y otras se ponen de lado y pasan de todo. Hemos visto que estas conductas activan o desactivan genes relacionados con el estrés. Y queda afectada la respuesta de las crías al estrés”, añade Nadal. Los cuidados de las madres dejan una marca en el cerebro y también en los genes. Algo que, según Meaney, parece confirmarse en estudios realizados con seres humanos. “Es lo que se conoce como epigenética: el ambiente modula la expresión de los genes”, dice Nadal.
 
Que madre e hijo formen un buen equipo afectivo puede favorecer además el desarrollo cognitivo del niño y ayudarle a sacar mejores notas. En buena medida, porque probablemente crecerá con más seguridad y estará más motivado. Aunque otro de los factores que explicarían este mejor rendimiento escolar es que los niños que han recibido buenos cuidados maternos podrían tener el hipocampo (estructura cerebral fundamental para el aprendizaje y la memoria) más grande.
 
En el 2012, investigadores de la Universidad de Washington en San Luis (EE.UU.) publicaron un estudio sobre la influencia de un buen vínculo maternal en el hipocampo de los niños. Primero, analizaron el tipo de relación que tenía con sus cuidadores principales –el 96,7% eran las madres biológicas– un grupo de niños de entre cuatro y siete años. Para ello emplearon una ingeniosa “tarea de espera”: dijeron a cada cuidadora que el niño debía aguantar ocho minutos para abrir un regalo que tenía al alcance y que estaba envuelto de forma muy llamativa. Una tortura para la capacidad de resistencia al deseo de un niño. Mientras, la cuidadora tenía que rellenar unos cuestionarios, tarea cuyo único objetivo era que no pudiera estar totalmente concentrada en el niño. Se buscaba reproducir el estrés que supone criar a los hijos, pues en la vida cotidiana, muchas veces hay que estar pendiente de ellos a la vez que se hacen otras tareas… Los investigadores observaban cómo se manejaba la madre en ese conflicto de intereses, si era capaz de ayudar correctamente al niño para que no abriera el regalo. En este caso, consideraban que el estilo de crianza que seguía ese cuidador era bueno para el niño.
 
Luego, mediante resonancia magnética, comprobaron que los niños que habían recibido una ayuda adecuada para no abrir el regalo tenían un hipocampo un 9,2% mayor que los que no habían recibido una buena ayuda. Aunque la mayoría de los cuidadores eran las madres biológicas, los autores del estudio opinaron que los efectos positivos de una buena crianza en el cerebro del niño serían parecidos aunque el cuidador principal fuera otra persona, como la madre adoptiva. “Hay estudios con animales que confirman también que los que recibieron una buena crianza de sus madres tienen menos déficits cognitivos cuando son ancianos”, explica también Roser Nadal. Los descubrimientos sobre el vínculo madre-hijo son diversos. “Hay células del feto que se instalan en el cerebro de la madre durante el embarazo. Todavía no sabemos por qué”, comenta Ibone Olza. Los científicos continúan rastreando las claves neurocientíficas de la relación entre las madres y sus hijos.
 
Mientras, ellas hacen mil y un malabarismos para combinar la maternidad con los demás aspectos de su vida. Los padres cada día intervienen más en la responsabilidad de criar a los hijos, pero todos los expertos consultados para este reportaje reclaman que la sociedad debería ayudar más a las madres. Por mucho que avance la ciencia, “todavía ser madre es difícil”, indica Olza. “Pero el vínculo –añade– entre una madre y su hijo es vital para la especie.
 
La madre tiene que estar rodeada de personas que la cuiden. Como dice un proverbio africano, a un niño lo cría toda una tribu”. Muchas madres se sienten culpables por no llegar a todo, por creer que, tal vez, no están dando a sus hijos el tiempo y el amor que estos necesitan. “Aunque es importante que estén tiempo con sus hijos –considera Enrique García Bernardo–, lo fundamental para un buen apego es la calidad del tiempo. Que, cuando una madre esté con su hijo, esté tranquila, disponible afectivamente y disfrute con él. Estoy seguro de que si las madres pudieran dedicar a sus hijos más cantidad y calidad de tiempo, la sociedad sería un lugar mejor”.

Composición de la leche materna en la misma tetada: leche del inicio y leche del final


A través de esta imagen podemos constatar algo de lo que hemos conversado en varias ocasiones. La leche materna cambia de composición tanto a lo largo de la vida del bebé, como durante una misma tetada. De los tipos de leche materna a medida que el bebé crece conversaremos en otra ocasión, en este caso particular nos detendremos a los distintos tipos de leche durante la misma tetada.
En la imagen vemos a simple vista la diferencia de coloración y consistencia de la leche materna durante la misma tetada. El frasco de la izquierda corresponde a la primera leche que se libera durante el inicio de la tetada. La cual es una leche rica principalmente en azúcares (en especial lactosa que es el azúcar mas abundante en la leche materna) y por ende de consistencia más ligera y dulce. Esta leche tiene la importante función de saciar la sed del bebé porque es más abundante y rica en agua, a la vez que satisface principalmente los requerimientos energéticos del cerebro humano. Este detalle es muy importante puesto que nuestro cerebro es el único órgano de nuestros cuerpo que sólo digiere glucosa. Un azúcar simple (monosacárido) que se forma a partir de la digestión metabólica de la lactosa. Es decir que esta primera leche es imprescindible para el bebé puesto que precisamente se encuentra en una etapa en la cual su cerebro requiere de gran suministro energético como parte de la intensa actividad y maduración neuronal que está teniendo lugar.
En tanto el segundo frasco corresponde a la segunda leche o también llamada leche del final de la tetada. Es la leche que queda luego de que el seno ya se ha vaciado parcialmente y por ende está presente en menos volumen. Como podemos observar en la imagen esta leche tiene una coloración más intensa y una consistencia más espesa. Lo cual se debe a que en esta leche se concentran grandes cantidades de ácidos grasos, cuya función está destinada principalmente a acumularse como parte del tejido adiposo del bebé y a ser el suministro energético para sus músculos (los músculos usan para su funcionamiento principalmente ácidos grasos), es decir que su función es garantizar que la masa corporal del bebé aumente y gane peso como parte de su crecimiento normal.
En ambas leches, tanto la del inicio de la tetada como la leche del final, encontramos grandes cantidades de proteínas, vitaminas, células inmunológicas, anticuerpos, probióticos, minerales y otras sustancias imprescindibles y ajustadas a las necesidades del bebé en cada etapa.
La diferencia en la composición de la leche materna durante la misma tetada justifica el hecho de que no sea recomendable que los bebes recién nacidos tomen pecho sólo durante 10 a 15 min de cada seno como sugieren algunos y luego de ese tiempo cambiarlos al otro seno. En aquellos casos en los que la lactancia materna se maneja de ese modo aparecen problemas asociados al aumento de peso de los bebes puesto que estos no ganan peso o lo ganan muy lentamente y a la vez aparecen algunas señales de intolerancia a la lactosa. Lo cual en realidad no está asociado a problemas del bebé o a la calidad de la leche materna, sino que la causa es un mal manejo de la lactancia materna . Ante casos como estos es suficiente con modificar el patrón de lactancia de él/la bebé a partir de las siguientes pautas: dejarlos y estimularlos a que permanezcan en el mismo pecho por más de 20 min, darles de mamar del mismo pecho durante varias tomas seguidas, o en casos de mamás con mucha producción o reflejo de eyección muy fuertes extraer un poco de la primera leche antes de amamantar al bebé. Con estos cambios en el modo de amamantar es suficiente para que los bebés comiencen a ganar peso más rápidamente y desaparezcan los síntomas asociados a la intolerancia.
La supuesta intolerancia a la lactosa que se presenta asociada a un patrón de lactancia de 10 min en cada seno y que se manifiesta con deposiciones verdosas, como explosivas y con flemas, reflujo, cólicos a la vez que con un lento aumento de peso en el bebé, es en realidad un comportamiento asociado al excesivo consumo de lactosa y no a una deficiencia metabólica en el proceso de degradación de la lactosa. Ante el exceso de lactosa el intestino delgado del bebé no logra digerirla en su totalidad y asociado a esta digestión incompleta aparecen grandes cantidades de azúcares reductores, lo que aumenta la acidez intestinal y puede provocar un daño en la flora bacteriana normal de la zona. De manera tal que aparecen todos los síntomas mencionados y que se asocian a la intolerancia a la lactosa pero que en realidad es una intolerancia por exceso de lactosa y no por una deficiencia metabólica real presente en los infantes.
La solución para estos trastornos mencionados es lograr un patrón de lactancia a través del cual el bebé ingiera grandes cantidades de leche del final más rica en grasas y no sólo la leche inicial más rica en lactosa. Lo cual sucede en el bebé recién nacido y hasta alrededor de los 3 meses de edad con un patrón de LM que les permita permanecer más de 20 minutos en cada pecho, y sobretodo respetando los tiempos de cada bebé.
Como podemos constatar luego de ahondar en el tema, la leche materna es perfecta y ajustada a los requerimientos de nuestros bebés y niñ@s pequeñ@s y su composición está en función de las necesidades y requerimientos que como humanos presentamos Cualquier comentario acerca de que tu leche es aguada o no alimenta a tu bebé responde a un desconocimiento acerca de las características y propiedades de la leche humana
y los problemas asociados a la lactancia materna en general responden a manejos inadecuados del patrón de LM y por ende se solucionan en la medida en que este patrón cambia.

Parir con derechos


En la semana del Parto Respetado, Violeta Vázquez desmenuza y explica en detalle la ley 25.929 que ampara a las mujeres desde el embarazo hasta el posparto.
 Toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto, tiene los siguientes derechos:
a) A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.
b) A ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado, que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales.
c) A ser considerada, en su situación respecto del proceso de nacimiento, como persona sana, de modo que se facilite su participación como protagonista de su propio parto.
d) Al parto natural, respetuoso de los tiempos biológico y psicológico, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer.
e) A ser informada sobre la evolución de su parto, el estado de su hijo o hija y, en general, a que se le haga partícipe de las diferentes actuaciones de los profesionales.
f) A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación, salvo consentimiento manifestado por escrito bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
Los primeros puntos rondan sobre un mismo concepto, el derecho a conocer, elegir, y ser respetado. Derechos de todas y todos. Más allá de la actividad jurídica, tenemos que repensar cómo hemos entregado nuestra libertad, nuestra individualidad e incluso nuestra dignidad a cambio de pertenecer. La exclusión y el miedo a la no pertenencia al clan es el que nos aleja de nuestra autenticidad y nuestra individualidad. ¿Cómo puede ser que lleguemos a necesitar leyes para defendernos y para reclamar lo que es obvio simplemente por ser persona? Es posible porque nosotras mismas, las mujeres, nos hemos entregado a cambio del supuesto amor y visto bueno de nuestros parientes, empleadores y comunidades. Entregamos el saber ancestral del útero y la menstruación, entregamos nuestra conexión con la intuición y nuestra confianza en nosotras mismas como madres. Tenemos que esperar resultados de análisis y papeles que nos cuenten qué tenemos y cómo somos por dentro. En otras épocas y culturas, las mujeres podíamos “sentirnos” y adueñarnos de nuestro propio cuerpo. Hace menos de un siglo le entregamos el parto al sistema médico hegemónico y, comprando el discurso de la “seguridad”, nos desconectamos fácilmente de nosotros. Así perdemos responsabilidad y nos convertimos en cuerpos anestesiados, bloqueados, temblorosos y carentes de autoconfianza. Lo que esta ley nos está diciendo es: “recordad que ustedes son dueñas de sus cuerpos, las únicas que realmente pueden saber qué necesitan y, por la tanto, las únicas que pueden elegir qué, cómo y cuándo”. Para elegir, en un parto, debemos ser informadas de cada procedimiento que se irá a hacer con nuestros cuerpos y el de nuestros hijos, justamente para no sentirnos abusadas y desilusionadas de nosotras mismas por abrirnos de piernas sin preguntar nada. El parto no deja de ser un hecho sexual en la vida de la mujer y, sin embargo, no cuidamos nuestra sexualidad cuando nos volvemos madres. Cuando ya nuestras madres y abuelas se desconectaron de sus cuerpos para pertenecer a su grupo, para no sentir el dolor que causa el poder, es muy difícil contar con las rutas y los caminos hacia el interior de una misma. Los profesionales y el saber quedan afuera y yo me transformo en un envase vacío a llenar con decisiones externas. Las parejas que vamos a parir tenemos derecho a elegir qué hacer con nuestros hijos, a asesorarnos, a comprender el fundamento de cada acción, a ser tenidos en cuenta en las decisiones que respectan a nuestra salud. Parece que estamos más entrenados en comprar electrodomésticos y hacer valer nuestra voz en el mundo del consumo, que cuando se trata de nuestra historia personal y está todo regalado al azar.
Tenemos que cambiar nuestra relación con la patología y nuestro concepto de la enfermedad, para comprender lo importante de cuidar nuestra fisiología y dejarnos de asustar y asquear de nosotras mismas. ¿Cómo podemos pretender que respeten nuestros tiempos si nosotras mismas no los conocemos?
g) A estar acompañada por una persona de su confianza y elección durante el trabajo de parto, parto y postparto.
h) A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.
¿Qué significa para nuestra sociedad actual estar en permanente contacto físico y emocional con nuestro hijo y nuestra pareja? Significa: mujeres desinteresadas por el mundo laboral, empoderadas, enfocadas en las necesidades de sus hijos, mujeres que renuncian a su ego, a su identidad social y a sus roles laborales para entregarse al mundo interno, para aprender a defender sus necesidades más instintivas. Créanme, estar acompañada o no estarlo es la cuestión equis de la vida. Cualquier hecho se supera gracias al sentirnos equipo y al estar sostenidas y amadas en los momentos más críticos. Si en el parto estamos con nosotras mismas y con nuestra pareja, el poder se incrementa... Aprovechemos esta ley y logremos entrar todas acompañadas a los quirófanos y a las salas de parto y hagamos de éstos ambientes cálidos y portadores de sentimientos no estériles.
 i) A ser informada, desde el embarazo, sobre los beneficios de la lactancia materna y recibir apoyo para amamantar.
j) A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados de sí misma y del niño o niña.
k) A ser informada específicamente sobre los efectos adversos del tabaco, el alcohol y las drogas sobre el niño o niña y ella misma.
Artículo 3º.- 
Toda persona recién nacida tiene derecho:
a) A ser tratada en forma respetuosa y digna.
b) A su inequívoca identificación.
c) A no ser sometida a ningún examen o intervención cuyo propósito sea de investigación o docencia, salvo consentimiento, manifestado por escrito de sus representantes legales, bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
d) A la internación conjunta con su madre en sala, y a que la misma sea lo más breve posible, teniendo en consideración su estado de salud y el de aquélla.
e) A que sus padres reciban adecuado asesoramiento e información sobre los cuidados para su crecimiento y desarrollo, así como de su plan de vacunación.

 
Artículo 4º.
El padre y la madre de la persona recién nacida en situación de riesgo tienen los siguientes derechos:
 
a) A recibir información comprensible, suficiente y continuada, en un ambiente adecuado, sobre el proceso o evolución de la salud de su hijo o hija, incluyendo diagnóstico, pronóstico y tratamiento.
b) A tener acceso continuado a su hijo o hija mientras la situación clínica lo permita, así como a participar en su atención y en la toma de decisiones relacionadas con su asistencia.
 A veces podemos defender de nuestra sumisión a nuestros hijos mayores. Reclamar entrar con ellos a quirófanos cuando tienen dos o tres años o internarnos con ellos si sufren alguna patología y no podemos hacer esto con nuestros bebés recién nacidos que están infinitamente más vulnerables. ¿No nos pertenecen nuestros bebés? ¿Por qué sentimos esa falta de apego al principio? ¿Será justamente como les pasa a otros mamíferos, que pasadas las primeras dos horas de vida, si son separados de sus crías luego del nacimiento, no las reconocen como propias? 
Todo es “mío”. Mi casa, mi auto, mi trabajo, mis amigos, mis vacaciones, menos nuestros cuerpos y los cuerpos de nuestros pequeños milagros.
Tenemos derechos pero la lucha más importante no es hacia afuera ni en contra de nadie sino hacia adentro y hacia la honestidad total con una misma.
No es nada fácil hacer valer nuestros derechos, porque las mujeres embarazadas y puérperas no podemos ser guerreras porque, hormonalmente, esa faceta está desactivada. Necesitamos a los hombres de aliados. Esta ley no está reglamentada y es difícil hacerla valer, pero el cambio viene de nosotras. Y tendría que ser un cambio femenino: amoroso, paciente y sostenido. Particularmente no creo en la militancia sino en las transformaciones personales y en la entrega hacia el no juicio. Y eso sólo cambia el mundo.
c) A prestar su consentimiento manifestado por escrito para cuantos exámenes o intervenciones se quiera someter al niño o niña con fines de investigación, bajo protocolo aprobado por el Comité de Bioética.
d) A que se facilite la lactancia materna de la persona recién nacida siempre que no incida desfavorablemente en su salud.
e) A recibir asesoramiento e información sobre los cuidados especiales del niño o niña.
Violeta Vazquez

miércoles, 1 de mayo de 2013

Criar en tribu, el retorno a lo natural


El sistema nos ofrece cada vez más opciones que atentan contra el vinculo mamá-bebé, cada vez más artefactos artificiales, más cesáreas programadas, más desapego, más egoísmo ¿Esa es la humanidad que queremos? ¿Cómo podemos pretender un futuro mejor si educamos de esta forma?
Hay otra forma de gestar, de parir, de criar. Es un camino muy arduo, pero los resultados son maravillosos, no solo para nuestro bebé sino para nosotras mismas. Es un proceso de aprendizaje y sanacion tan profundo, las invito a conocerlo…

Criar en tribu, el retorno a lo natural 


En principio, el grupo de crianza es un espacio de información donde entre todas aprendemos mucho de todo. Cuando digo "todo" quiero decir, no solo de crianza, sino de la historia misma de la humanidad desde las culturas más primitivas que van de la mano con la armonía natural de la vida. Aprendemos de los vínculos humanos, de alimentación, de salud, del antes el después y el durante, de la vida en si. Es un espacio donde desmitificamos, donde el cuestionamiento es bienvenido, un espacio donde desandamos camino y descubrimos los otros que nadie nos contó y así creamos los propios y podemos compartirlos en grupo. Así nos enriquecemos enormemente con la experiencia de los otros y aprendemos mutuamente profundizando sobre uno mismo y su propia historia para poder sanar nuestros antepasados y nuestra descendencia, ese tesoro sagrado que nos llevo hasta este lugar. En el grupo, tarde o temprano, nos sacamos las mascaras, nos despojamos de todo, nos exponemos íntegramente, los síntomas tomar forma, gritan cosas desde adentro…sobre todo porque es nuestro hijo quien habla y somos muchas las que escuchamos, es imposible no hacerse cargo y es uno de los objetivos supongo, el tomar responsabilidad: eso es la libertad real.
En el grupo compartimos quienes somos y lo que nos pasa, desde una profundidad y una empatia que difícilmente se de en otros ámbitos o con otras personas. Es como una gran terapia grupal donde los temas se van hilando y todo empieza a salir a la luz de lugares muy oscuros que antes no habíamos conocido. El cielo y el infierno se hacen presentes más allá de nuestro permiso, hay días más livianos que otros, como todo. El puerperio es un mar revuelto, la marea sube y baja continuamente y los sedimentos que arrastra desde el fondo son visibles para el ojo entrenado y el corazón abierto. Sabemos que a pesar de las diferencias personales, todas estamos atravesando por procesos similares, embarazadas y redondas, ansiosas, miedosas, puérperas, locas, brujas, lobas, madres desesperadas en medio del caos que el primer hijo trae, madres enamoradas de sus cachorros, llenas de dudas, de leche, de amor, de cuestionamientos. Compartimos horas de catarsis, de soltar bien desde adentro, de confesar, de recordar, de dejar caer las lágrimas y soltar las carcajadas, de amamantar y amar, de aplaudir el desastre, putear si hace falta, todo vale cuando una se muestra tal cual es. No hay límites, no hay nadie que señale o juzgue, hay contención, apoyo, compañía y esa increíble sensación de saber que no somos las únicas, que algo nos iguala como hembras humanas. Y así sangramos con cada relato desgarrador, con cada inne-cesaria, con cada síntoma que habla de tantas cosas, con cada historia fuerte que resuena en la propia. Nos abrazamos, nos apoyamos, arrullamos a nuestras crías en circulo, lloramos, festejamos cada logro del bebé y de la mamá, somos testigos del desarrollo de cada niño y de cada madre porque para nosotras también es un “volver a nacer” nos hemos parido como madres y entre todas vamos gateando, aprendiendo a caminar y transformando por completo nuestro universo, nos tomamos esos permisos porque los merecemos y los disfrutamos. La maternidad te atraviesa, dice siempre Ana, desde un lugar donde nunca nada ni nadie lo hizo antes y es para toda la vida.La teta es solo la punta del iceberg, decía Lisette. Yo llegue acá por la teta y no entiendo que paso, decía entre risas y lagrimas Barbara mientras acunaba a Paloma. Algunas llegan por algo puntual o que parece superficial y se quedan porque el grupo tiene ese poder de empezar a remover las fichas, a reacomodar los roles, a reordenar desde lo interno para poder acomodarnos un poco en todo este mundo tan nuevo y ajeno por momentos, que es ser mamá. En los grupos se genera una energía donde hasta el silencio habla, circula algo del orden de lo primario y lo divino que me cuesta poner en palabras, se habilitan planos y estados de conciencia que tal vez de otra forma no podríamos conocer. Nos adentramos en ellos porque son una invitación a la reflexión constante, ya sea propia o grupal, sobre diferentes puntos y temáticas. Claro, hay que tener voluntad y ganas de enfrentarse a tales sombras, de enfrentar además a un sistema y elegir lo diferente, lo poco convencional, coraje para ser la minoría y aprender a sortear obstáculos, criticas y sobre todo soltar el miedo, superarlo y entender que es solo un arma de sumisión del capitalismo para atraparnos en sus redes. Las madres entre si nos damos animo y herramientas para aprender a tomar las riendas de las situaciones, empoderandonos para tomar confianza sobre nosotras mismas, aprendiendo a reconectarnos con la naturaleza que siempre es sabia y no tranza con el sistema, jamás.
Nosotras somos partes de la naturaleza, reconectar con el instinto es fundamental; luchar contra el sistema tiene sus frutos y tarde o temprano, una lo termina naturalizando y negocia hasta donde puede; hay que ser realistas también.
Las estaciones también nos conectan, cada una su encanto, sus climas y cuando logramos sintonizar con ellas, descubrimos que no somos tan diferentes a los árboles, por ejemplo, nosotras también tenemos sabia y en invierno somos más instrospectivas. El grupo deja entrever estas cosas, los ciclos femeninos y su relación con la naturaleza, la fertilidad, la luna y cosas mágicas que a mi me resultan alucinantes y ademas, muy útiles para entender-me más. En general cuando la luna cae comienza el coro de llantos, de cólicos, de berrinches: es “la hora de las brujas”. En verano nos ilumina un sol fantástico hasta el final y en invierno el hogar a leña nos abriga hasta el Alma, el fuego nos convoca como nos ha sido siempre en todas las épocas. Simbólicamente, a ese mismo fuego ilumina nuestras sombras, las lobas aullamos en torno a el por el dolor ancestral que aun no sano. Mujeres danzantes alrededor del fuego con sus niños a cuestas, con sus pechos desnudos, con un mar convulsionado que fluye sin cesar, por dentro, por fuera, por todas partes como un hilo invisible que nos unifica.
Nadie llega al grupo de casualidad, siempre vamos uniendo cabos, desatando nudos y ovillos y comprendiendo que todo pasa por algo, que somos espejos, que hay otra historia similar o que hay desde la propia algo que aportarle a la que llega.
Y así van llegando nuevas mamas con nuevos cachorritos, otras se van y estamos las de siempre, las que ya nos conocemos desde el principio. Cada vez es un grupo más grande y más solidó. Una unión fraternal nos entreteje. Los bebes se transforman en niños y los que llegaron casi recién nacidos, ahora caminan, hablan, se disputan las mediaslunas y hasta toman mate…eso es la vida, un ciclo perfecto que evoluciona en armonía, pese a que a veces veamos lo contrario. Somos muchas las que elegimos criar con conciencia, con apego, de forma natural, criar con respeto y libertad en todas sus formas. Somos muchas las que nos informamos para poder luego elegir y educar seres humanos que reciban desde su primer minuto de vida AMOR, desde el despojo del ego y la entrega absoluta en todas sus formas. Amor en estado puro, lejos de la tecnología, de la medicalizacion del parto y la crianza, lejos de todo eso que atente contra el vinculo primario, contra esa díada sagrada que conformamos mamá-bebé; tan maltratada por la sociedad, tan desvalorada muchas veces por el discurso machista, por el medico y capitalista, también. En el grupo sabemos que no estamos solas, que somos muchas durante años las que elegimos otro camino, porque sabemos que es posible y porque somos testigos presenciales de sus frutos. 
Ahora imagino la casa de noche, como un espacio sagrado, donde todo confluye. El eco del llanto de los bebes y las canciones de las mamas forman una melodía encantada que fluye como la leche, como la vida, por cada rincón de la casa. Todo huele a maternidad allí, no es un olor cualquiera, solo las hembras logramos olfatearlo con tanta precisión. En el piso han quedado desparramados los juguetes junto a nuestras sombras, a nuestras lagrimas, nuestros despojos y retazos...junto a todo eso que dejamos atrás para renacer, una y otra vez, tantas veces como sea necesario para purificar.
Mientras me alejo por la ventana, se oyen llantos de bebes, carcajadas de niños, risas adultas y risas de nuestras propias niñas interiores que se cuelan por ahí.
Todo se mezcla en un ciclo sin fin, yo puedo escucharlo.
Nos celebro como tribu, hemos logrado lo imposible!
Hasta mañana.
Nadia
Abril 2013 
Foto: Abril 2013 - faltan mamas, fue sobre el final del grupo.